«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios».
El Apóstol transmitió a la comunidad de Gibraltar que se alegraba mucho de estar con ellos otra vez, y se sintió conmovido por el cántico que del coro, Habla Señor a mi alma.
El Apóstol hizo una pregunta a los concurrentes: ¿Por qué estamos aquí hoy?, y dio una respuesta: Porque queremos escuchar la Palabra de Dios. Sería muy triste si pensáramos que el Señor ya no nos habla. Puedo decirle a mi Padre espiritual: ¡Háblame!, entonces, Él me va a hablar. ¿Estoy seguro de eso?, ¿o pienso que él no me dice lo que quiero escuchar?. El Señor vendrá en cualquier momento, y necesitamos tener la conexión con nuestro Padre y sentir que Él es el Todopoderoso. Debemos tener confianza en lo que Él nos dice sabiendo que es lo correcto, afirmó el ministerio.
En el texto para ese día, y en el versículo 23, Jesús habla con los sacerdotes y los ancianos de aquel tiempo. Tenemos que mirar lo que se mueve en nuestro corazón. El primer hijo dijo que «no», pero fue igualmente; y el segundo hijo dijo «sí» y no fue.
Una vez nosotros o nuestros padres prometieron la fidelidad a Dios con un «sí», a nuestro Padre. Cuando un Apóstol dona el Espíritu Santo a un alma, le pregunta si está dispuesta a seguir a Jesucristo y prepararse para su venida. El «sí» que das, queda en «sí».
Tenemos que vivir nuestra fe de acuerdo a las situaciones en las que nos encontramos, y siempre preguntarnos si nuestra conexión y nuestra vida espiritual con el Padre vale más que muchas cosas de esta Tierra.
Jesús es el ejemplo. Él nunca abandonó a su Padre y vivió con muchas dificultades. Hoy en día también hay muchos ejemplos de muchos de nuestros hermanos, que a pesar de los problemas, demuestran cómo seguir a Jesús sin perder su fe. Tenemos que escuchar al Señor para que nuestra confianza siempre pueda quedar en un «sí».
Fue llamada al altar la Diaconisa de la comunidad de Fuengirola. Jesús hoy nos quiere volver a enseñar cómo tiene que estar nuestra relación con Él, no como nosotros queremos mostrar hacia los demás, sino Él nos pregunta cómo está tu relación interior con Él, dijo a los presentes. Y preguntó: ¿Qué es lo que sientes realmente? ¿Estás obrando correctamente, o estás sintiendo otra cosa? Es muy fácil decir: «Yo me comprometo con esto, porque es muy bonito y a todos le va a gustar». ¿Como está tu sí realmente, o ese no, «no lo quiero hacer porque no me parece». Mira siempre tu corazón para que tu sí esté siempre correcto.
La Diaconisa de Málaga también fue llamada a colaborar. Recordó que también una vez el Apóstol dio un sí antes Dios. Cuando le damos un sí a Dios, ¿realmente lo cumplo?, preguntó. Muchas veces es muy fácil decirlo, pero perseverar y continuar es lo difícil. No basta solo con recibir los sacramentos, el Santo Sellamiento, llevar un ministerio, hay que brindarse de corazón con mucha entrega y oración. No es para que los demás nos vean, primero es para nuestra relación con Dios, para nosotros mismos. Cuando decimos «sí» de corazón, todo es más fácil y el camino se allana.
A continuación, el Obispo Alganza también expresó que esta historia así contada parece muy sencilla, pero es muy interesante. Primero el padre conocía bien a los dos hijos, y a pesar de todo, a los dos les hace la misma oferta. Dios nos pide igual que a ti y a mí, Él nos da la misma oportunidad. Cuándo nos habla el Padre, ¿cuál es nuestro deseo? Mi deseo es hacer lo que Dios quiere, expresó.
El señor Jesús ya nos ha dicho: «No me ha dejado solo el Padre, porque siempre hago lo que a Él le agrada». Y si tenemos en lo profundo del corazón cuál es el agrado de Dios, aunque a veces al principio tenemos el no en la boca, también podremos vivir el proceso. Seamos como seamos, el Señor nos da la oportunidad de hacer lo que es del agrado de Dios.