El Bautismo con Jesucristo, la cabeza de la Iglesia

03.04.2022

Después de esperar dos años, debido a la pandemia, la comunidad de San Sebastián pudo vivir la fiesta de un nuevo Bautismo

Tan solo 20 días antes de que comenzara la pandemia del covid19, exactamente el 23 de febrero de 2020, nació un niño perteneciente a la comunidad de San Sebastián. Sin embargo, con las vivencias de todas las restricciones, vicisitudes y limitaciones; recién dos años después se ha procedido a la celebración del paso previo al sellamiento: su Santo Bautismo con Agua.


Como base para el acto se leyó la 1ª Epístola a los Corintios 11:26 «Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga».


Para cada individuo que conforma la comunidad de Cristo, el festejo de la Santa Cena es una confesión de fe. Confesamos nuestra fe en Jesucristo, le mostramos nuestro agradecimiento y amor, así como el anhelo de estar con Él. Participar de la Santa Cena tiene efectos también en nuestra vida cotidiana. Confesamos a Jesucristo, compartimos su amor y renunciamos a aquellas cosas que nos pueden impedir tener comunión eterna con Él.


Durante el transcurso de este Servicio Divino especial, un niño y una niña tocaron el órgano y la flauta travesera en varias ocasiones. Y, tras la prédica, se procedió a realizar el acto de Bautismo.


El Santo Bautismo con Agua es uno de los Sacramentos de la Iglesia Nueva Apostólica. A través del Santo Bautismo con Agua la relación del hombre con Dios cambia de un modo radical. Al ser lavado del pecado original, el bautizado es sacado del distanciamiento de Dios. A través de su fe y su confesión a Cristo, el bautizado pertenece a la Iglesia de Cristo.


Según se explica en el libro de Preguntas y Respuestas sobre el Catecismo de la INA (pregunta 493), «la dispensación del Bautismo con Agua es posible y efectiva en todos los ámbitos de la Iglesia de Cristo, que es una. El Bautismo con Agua es el primer paso en el camino hacia la redención total. El bautismo tiene validez en todas partes donde se bautice con agua en el nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ya que ha sido confiado a la Iglesia como un todo. El motivo de ello es la voluntad divina de transmitir la salvación a todos los hombres».


El bautizado promete así evitar el pecado y llevar su vida en el seguimiento a Cristo. En el bautismo de niños, los padres o tutores confiesan su fe en Jesucristo y prometen educar al bautizado conforme al Evangelio.


Al concluir el Servicio Divino, los padres y sus hijos ofrecieron un tentempié a los participantes, en la que compartieron las experiencias y sensaciones vividas durante este día tan especial. Y con el deseo y esperanza de recibir el siguiente Sacramento del Espiritu Santo por nuestro Apostol Rolf Camenzind el próximo mes de mayo.